La visita había sido dilatada por varias décadas, pero estando en el consultorio con
zumbidos en los dos oídos y sin escuchar la mitad de los ruidos de la sala era anhelada.
A pesar de la espera y todos esos detalles que conllevan una visita a un consultorio público donde te cruzas con mujeres rodeadas de niños y ancianitas buena gente que quieren platicar, sólo me concentré en esperar el llamado del médico anunciando que era mi turno, fue como el llamado del número ganador del bingo, fui presuroso a la silla esperando las indicaciones del galeno. Le expliqué el problema y mi auto diagnostico, tapones de cera.
Me auscultó y confirmó lo que le dije, tendría que esperar un rato aplicándome el "re movedor" y luego procedería con el lavado de oídos.
La espera fue larga pero me entretuve con los juegos del Nokia, que por cierto están muy buenos, sobre todo uno de tuberías de agua, que sin quererlo era alusivo al lavado de oídos que me esperaba y enviando mensajes de texto para practicar con el teclado predictivo.
Al final casi después de dos horas de espera, el médico me propuso sostener la bandejita donde caería el agua caliente que impulsaría a mis oidos para el lavado.
Despues de inyectarme tres veces el agua en cada conducto auditivo, pude escuchar primero el sonido de mi voz, y luego el ruido de la calle.
Bueno eso es todo -dijo el doctor- Hasta una próxima oportunidad.
Yo sólo atiné a decir
gracias doc es un alivio! entusiasmado por el potente sonido de mi voz.