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Espero me dejen escribir. En la cama, acostado de espadas, sentia el entumecimiento de mis hombros como señal de relajo. En estado semi inconciente, desperte en el plano de la consciencia, me retenían los dos demonios que me visitaban siempre, trasmutado de posición (esta vez con el pecho hacia arriba) como en un hograma, me sujetaban uno de los brazos, el otro del torzo para abajo, empezaban a hacer su operación de rutina, extraerme vida, yo sólo debería sentir la presión del dolor cíclico hasta que acabacen, en la inmovilidad y la oscuridad abyecta del miedo. Cuántas veces había pasado?, cuándo pasaba?, para qué?. Sólo ellos lo sabían, ellos que actuaban como jornaleros mal pagados, haciendo un trabajo que no les estimulaba. Ellos contaban con mi inconciencia, no se imaginaban su vil traición, ella había huído, sobornada, pero sin su parte del botín. Abrí los ojos, pude reconocer al que me sujetaba los brazos lo había visto desde niño, lancé un grito de rabía y dolor en su rostro, fue entonces que se dió cuenta, yo estaba consciente y furioso. No pudo detener más mis brazos, ellos vencieron los suyos, cesó de extraer por su boca, y quizo en un arranque de impotencia, impartir miedo con su aspecto, mis brazos bajaron lentamente con la tracción de una pala mecánica, dispuestos a defenderse, mientras intentaba hablar en el espacio consciente, mis gritos atravezaron la distancia que nos separaba en silencio solo retumbaron en la cabeza de mi demonio, ya te conozco y sé quien eres!. Los dos desaparecieron fuera del plano consciente, estaba lleno de ira todavía, no podía seguirlos, no podia moverme allí, cerré los ojos y retorné a mi inconciencia. |