| viernes, septiembre 23, 2005 |
| Un día extraño III |
LA SANGRE
Lucho era muy sangrón, siempre lo habia sido, si se cortaba un dedo, sangraba a baldes, la nariz la tenía abierta y brotaban litros, María empezó a hacer presión sobre la herida para tratar de contenerla. Le pregunta que pasó? porque estas asi?.El pendejo de Pinti se metió en la bronca y casi lo parten en dos, lo saqué y me caen los patovicas a mi. Como me veo mamita?. María arruga la cara, y vuelve su mirada a Pinti que estaba intacto. Se dirije al de la recortada hablandole como las mujeres saben hacerlo en esas situaciones.
-Sr. porque no los deja ir estan mareados y ellos no provocaron la pelea, uds lo sabe mejor que yo, mi hermano esta con la nazis abierta le puede dar una hemorragia, y puede pasar a mayores, le debería un favor, si?.
-María no era solo linda, también inteligente y tenía ángel, era dificil decirle que no, el patovica dudó y poniendose en postura seria, le preguntó, esté es tu hermano?, con esta pinta, bueno, me debes un favor, dejenlos ir.
María se llevaba a Lucho como un trofeo, todo el grupo la siguió hasta la estación del tren.
Juan compulsivo se apostó en una baranda y comenzó a arquearse.
-Que te pasa huacho, pregunta Pinti asustado.
-Dejalo esta vomitando toda esa basura.Contesta María, mientras lo mira con pena.
TREN
Era el tren de las 4.30 am, casi toda la gente que pasaba estaba adormilada o llegaba de alguna fiesta, Subieron todos como zombies, sólo el Chino se quedó con sus dos amigas, tenía que dejarlas en su casa y prefirió tomar un taxi para llegar más rápido. Pintí acompañó a Juan que no podía dejar de arquearse y temblar. Bajaron del tren en dos estaciones intermedias para vomitar. María continuó acompañando a Mario y Lucho, hasta su casa.
Antes de llegar a la quinta entraron al Mini Market, por un analgésico y agua, Juan estaba hecho bolsa, totalmente demacrado, y ojeroso por la mala noche y los tragos, expedía un sudor frío que se notaba en su transpiración con olor a alcohol, Pinti nunca cargaba un peso, le pidió a Juan que pague en caja.
-Hola, que te pasó, eres tú?, le dice la cajera nisei, entre preocupada y consternada, Juan no era el de hace seis horas, sus ojos desenfocados, rostro pálido y expresión patética, eran totalmente opuestos, todavía desorbitado, no entendía que le decía, sólo atinó a balbusear con voz quejumbrosa: cobrate, no me preguntes, tuve un día extraño.
FIN.
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| posted by J O @ viernes, septiembre 23, 2005 |
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